La palabra de seguridad en el BDSM

Todas las prácticas que se disfrutan en una sesión BDSM son voluntarias, consensuadas, pactadas de antemano y ejercidas durante un tiempo limitado, de un modo concreto y dentro de unos límites fijados. Sin consentimiento, no hay BDSM, sino abuso sexual. Obviamente esta última afirmación es aplicable a cualquier relación sexual, pero cobra una gran importancia en el BDSM porque se realizan juegos que pueden dar lugar a equívocos.

Como parte indisoluble de ese consentimiento se encuentra la palabra de seguridad, pues es la que lo revoca de manera inmediata finalizando la sesión. De ahí su importancia crucial, pues da confianza y permite dejarse llevar, al saber que si estamos alcanzando el límite fijado o nos sentimos mal, podemos parar sin discusión posible. En definitiva: es un NO.

La palabra de seguridad en el BDSM

Establece tus límites

Antes de nada, debes analizar seriamente y con madurez qué es lo que deseas y qué no. ¿Bondage, Spanking, Wax play, privación sensorial…? Cuando lo tengas claro, analiza los límites de la práctica en concreto. ¿Cuál no traspasarías bajo ningún concepto? Sé realista. Una cosa son las fantasías y otra, la realidad. Como principiante debes fijarte unos límites estrictos y bajos. Menos es más. Es mejor quedarte corto que pasarte. A medida que vayas experimentando, podrás ampliarlos ajustándote a la experiencia.

De todos modos, no te sientas presionado para fijar esos límites con precisión matemática, es imposible, porque varían según cada persona y su estado físico, anímico y emocional en un momento determinado. Además, la palabra de seguridad te ayudará a fijar esos límites en cada sesión, pues si sientes que no soportas los que te habías marcado, la detendrá de inmediato.

Requisitos de la palabra de seguridad

Una vez fijados los límites, establece la palabra de seguridad. Tiene que ser clara, sencilla de recordar, que no sea de uso corriente y mucho menos en un contexto sexual. Puede que te parezcan muchos requisitos, pero te aseguro que todos ellos son imprescindibles. ¿Por qué?

Cuando estamos disfrutando del sexo y practicando determinados juegos, expresiones como «Para», «No», «Me estás matando», «No puedo más» son parte del juego, especialmente en el BDSM en el que los amantes han asumido papeles y los están representando; de ahí que no debas elegir «No», «Para», «Detente» o similares.

Por otro lado, el placer, el dolor y la excitación pueden nublar nuestra razón, así que escoger una palabra larga o difícil de recordar no es muy inteligente.

Aun cumpliendo estos requisitos, queda un amplio abanico de posibilidades, pero la más recomendada para principiantes es la del semáforo: «Rojo». Corta, sencilla de recordar por lo visual, no corriente en el contexto sexual y, por lo tanto, fuera de este.

Función de la palabra de seguridad

La palabra de seguridad se utiliza cuando se ha alcanzado o se está a punto de alcanzar el límite físico o psíquico que nos hemos marcado. Funciona, por lo tanto, como un mecanismo de seguridad, pues detiene la sesión de manera inmediata, sin discusiones, excusas, ni cualquier tipo de dilación. Es un NO rotundo.

Eso no implica (y de hecho, es aconsejable) que pasado un tiempo prudencial y siempre después del aftercare por parte del dominante (o del sumiso, en caso de que haya sido el dominante quien la haya empleado), los dos hablen de una manera asertiva sobre lo que ha ocurrido en la sesión para entender mejor al otro y fortalecer la confianza mutua.

La acción de seguridad

La acción de seguridad se emplea cuando no es posible pronunciar la palabra porque estamos amordazados. Generalmente, consiste en tener en la mano algo que haga ruido y no tenga nada que ver con el contexto sexual; por ejemplo, sacudir una campanilla o arrojarla al suelo. En sesiones en las que la persona está atada además de amordazada, la acción suele ser dar patadas o golpes al suelo, pared, etc. un número determinado de veces.

De todos modos, ya que este artículo está dirigido a principiantes, no recomiendo bajo ningún concepto que estés amordazado o atado y mucho menos amordazado y atado a la vez, porque debes tener el control en todo momento. Lo que sí puedes hacer es permitir que te amordacen o aten de un modo simbólico; es decir, que te «ordenen» no hablar, moverte o separar los brazos o las piernas, pero sin recurrir a ataduras ni mordazas.

Señal de emergencia

Hay momentos en los que no podemos pronunciar la palabra de seguridad ni ejecutar la acción. Las más habituales son sentirse culpable por detener la sesión, miedo a defraudar, haber superado el límite pero no ser consciente de ello y estar experimentando el Subspace. No parar la sesión cuando se ha sobrepasado el límite físico o psíquico puede causar daños graves, de ahí que sea de vital importancia fijar una señal de emergencia para detenerla.

La más recomendada es la técnica del doble o triple apretón, que consiste en que el dominante apriete la mano del sumiso una vez y este responda apretando la suya dos o tres veces, según lo pactado de antemano. Por favor, si como dominante adviertes que es posible que tu sumiso se encuentre en alguna de estas situaciones, prueba la señal, y si no responde tal y como habéis acordado, para de inmediato y auxíliale.

No. NO. ¡NO!

Jamás mantengas una relación o sesión BDSM con una persona que presione para no acordar una palabra o acción de seguridad ni una señal de emergencia; que no la respete y se niegue a parar; que pare, pero te haga sentir culpable o te castigue con su silencio. Todos estos comportamientos son abusivos, tóxicos y rozan el maltrato emocional. Si la palabra o acción de seguridad revocan el consentimiento son, por lo tanto, un NO; y si no se respeta, hay abuso o agresión sexual. Punto.

Como explica Felina, profesional de la Psicología Clínica y practicante del BDSM en el especial El lado oscuro del BDSM: Las relaciones destructivas, en una relación de BDSM «ambas partes aceptan realizar algunas prácticas raras porque les gusta y les excita. Hay límites, hay diálogo, hay negociación y hay formas de parar a tiempo, cosas que nunca admite un maltratador».

Resumiendo: la palabra y la acción de seguridad (y señal de emergencia) son cruciales para que una relación BDSM sea saludable porque permiten revocar el consentimiento (y detectar cuándo no se puede revocar), aportan seguridad a las partes y cimentan la confianza entre ellas. Establece tus límites, acuérdalas y, en caso de necesitarlas, utilízalas sin sentirte culpable. Eres el dueño de tu vida. Un No es un NO.

Fuente: LELO.COM

Una venda y una soga

Desnudos a la luz de las velas, ella se arrodilla en la cama y yo desde atrás ajusto la venda que le cubre los ojos. Rozo su espalda suavemente apenas tocándola con la punta de los dedos como a ella le gusta, se sacude por las cosquillas haciendo temblar sus hermosos pechos. Su espalda, su cintura, su culo y esa forma de reloj de arena que tanto me calientan hacen que el pene se me endurezca y no me puedo negar a pasarlo suavemente por su cuerpo al bajar de la cama.

Tomo la cuerda estando de pie en el suelo. Frente a ella observo sus tetas y debo tocarlas, sus labios y debo besarlos, su largo cuello y debo lamerlo. Le doy un par de vueltas a la soga por su torso, una vez por arriba y otra por abajo de sus pechos. Ella me acaricia los muslos y las nalgas. Comienza a excitarse y hace un pequeño gemido, abriendo la boca y generando en mí fuertes deseos de tomarla de su largo cabello negro y llevarla hacia mi ingle para que me chupe la polla, pero decido esperar para subir la temperatura más lentamente.

Vuelvo hacia atrás y junto sus brazos rectos por su espalda, sus manos abajo me acarician los testículos. Ato sus muñecas juntas y hago otra vuelta a la altura de los codos para inmovilizarla y finalmente doy una última vuelta por su cuello, la tironeo con firmeza hacia mí y paso la lengua por el lóbulo de su oreja.

Sometida la empujo contra la cama, dejándola con el rostro sobre el colchón y el culo alzado. Separo sus piernas para exponerle la vulva y mientras aplico presión en su cuello con la cuerda comienzo a besarle el coño. Comienzo suavemente con unos círculos en el clítoris y alterno con la lengua en plano. Me encanta sentir su sabor y ella aumenta su excitación, lo que me calienta aún más y me hacer comerle el coño con más vigor. Mi saliva se mezcla con su humedad y cuando comienza a chorrear comienzo a subir y hago una escala en su ano para compartir la lubricación que lleva mi lengua y prepararla para lo que viene más adelante.

Me incorporo y froto el tronco de mi polla para humedecerla con su vagina. Me resisto a metérsela y cuando ella gime pidiéndomela adentro aprieto suavemente la soga en su cuello. Ahora es mi turno, paso los dos cabos de la cuerda por entre sus piernas, jalando de su cuello y pasándosela por el culo y el coño. Me para al frente y le doy unos tirones para estimularla, levanto su cabeza tomándola del cabello y veo sus mejillas sonrojadas y su boca babeando. Le refriego mi falo erecto y mojado con sus propios fluidos por la cara, saca la lengua y me da unas lamidas que me hacen ver las estrellas. Cuando mi glande pasa cerca de su boca usa sus labio para meterse mi polla y comienza a succionar mientras mueve con fuerza la cabeza, haciéndome tirar la soga que le roza el clítoris con el mismo ritmo.

Podría dejarla chupármela hasta llenarle la boca de semen, pero antes de correrme la aparto y la tiro de lado en la cama. Levanta una de sus largas piernas y me acomodo por detrás, con un brazo la abrazo por el cuello y con el otro le tomo una de las tetas, le aprieto el pezón con la yema de los dedos y ella toma la soga. Con una mano la tironea y con otra separa los dos cabos y me hace espacio para penetrarla. Acomodo la punta de mi pollo y se la meto entera con fuerza, da un grito de dolor y placer que se apaga cuando la soga vuelve a apretar. Nos movemos en sincronía con movimientos intensos que nos hacen calentar a ambos. Mi falo cada vez más duro le entra hasta el fondo, haciéndola apretar con fuerza los dedos que enredó en mi cabello.

Cuando estamos por corrernos me empuja fuera y me señala el vibrador con el pie. Entre la excitación me había olvidado que lo habíamos preparado. Su coño está tan húmedo que se desliza con facilidad y cuando ya lo tiene adentro lo enciendo a máxima velocidad. Me vuelvo a acomodar y mientras sus gritos tapan el sonido del motor comiendo a deslizarle el pene por el culo con suavidad mientras siento las vibraciones que me llevan al límite. Primero se los meto alternados, luego entro y salgo con ambos al mismo tiempo. Sin poder resistir más el chorro de semen sale dentro de su culo y solo puedo meter por ambos lados al fondo. El vibrador sigue sacudiéndonos cuando caemos rendidos y cuando lo saco ella se sacude con mi polla aún adentro. Mi erección comienza a bajar y mientras se la saco el semen se escurre sobre las sabanas.

Aflojo la soga y le quito las vendas. Apagamos las velas y nos abrazamos en la oscuridad sobre los restos de nuestro gran encuentro.

Fuente: cuentorelatos.com